La fumigación es un método eficaz para eliminar insectos, roedores y otros animales que pueden causar daños o enfermedades en el hogar. Sin embargo, los productos químicos que se utilizan para la fumigación también pueden ser perjudiciales para la salud humana, especialmente para los bebés, que son más vulnerables a los efectos tóxicos.
Por eso, es importante tomar algunas precauciones antes, durante y después de la fumigación, para evitar riesgos innecesarios y garantizar un ambiente seguro para los más pequeños de la familia.
Los productos de fumigación pueden tener efectos nocivos para la salud de las personas, sobre todo, de los bebés, que son más vulnerables por su sistema inmunológico en desarrollo y su mayor exposición al suelo y a los objetos.
Evitemos complicaciones como irritaciones, alergias, intoxicaciones o enfermedades respiratorias. A continuación, te damos algunos consejos que puedes seguir para lograrlo.
La programación consciente consiste en planificar la fumigación de acuerdo con las necesidades y los hábitos de tu bebé. De esta manera, puedes evitar que él o ella entre en contacto directo o indirecto con los productos químicos que se aplican en tu casa. Algunas de las ventajas de la programación consciente son:
¿Cómo puedes aplicar la programación consciente en tu hogar? Aquí te damos algunas sugerencias:
Es esencial que informes a los profesionales de la fumigación sobre la presencia de bebés en casa. Así, podrán elegir los productos más adecuados para tu caso, que sean eficaces contra las plagas, pero que no representen un peligro para la salud de los pequeños.
Para que los profesionales de la fumigación puedan elegir los productos más adecuados y las medidas de seguridad necesarias para tu caso, debes proporcionarles la siguiente información sobre los bebés en casa:
Con esta información, los profesionales de la fumigación podrán ofrecerte un servicio personalizado y seguro para ti y tu familia.
Antes de fumigar, debes informarte sobre los riesgos y las precauciones que debes tomar para proteger tu salud y la de tu familia. Además, si es posible, elige opciones de fumigación con productos menos tóxicos que sean igual de efectivos, pero que minimicen el impacto ambiental y sanitario.
Los productos menos tóxicos para fumigar son aquellos que tienen un menor grado de toxicidad para las personas, los animales y el medio ambiente. Estos productos pueden ser biológicos, naturales o ecológicos y no contienen sustancias peligrosas como organofosforados, piretroides o carbamatos, que son los ingredientes activos más comunes en los plaguicidas convencionales.
Los productos menos tóxicos para fumigar pueden ser de diferentes tipos, como:
Una vez que hayas aplicado las medidas necesarias antes de la fumigación, pasemos a repasar algunos consejos para cuidar a tu bebé durante el proceso de desinfección.
Sal de la casa con tu bebé y con todos los miembros de tu familia. Lleva contigo todo lo necesario para el cuidado del bebé, como pañales, biberones, juguetes, ropa y medicamentos. No olvides llevar también tus documentos personales, dinero, llaves y teléfono móvil.
Respeta el tiempo de espera que te indique la empresa de fumigación. No entres en la casa hasta que te lo autoricen. Si lo haces antes, puedes exponerte a los residuos tóxicos de los productos químicos, que pueden causarte irritación, alergia o intoxicación.
Mantén el contacto con la empresa de fumigación por si surge algún imprevisto o necesitas alguna información adicional. Si notas algún síntoma extraño en ti o en tu bebé, acude al médico inmediatamente.
Lo primero que debes hacer es asegurarte de que todos los alimentos que puedas necesitar para alimentar a tu bebé estén bien protegidos. Esto incluye la leche materna o de fórmula, el agua, las papillas, los purés y los snacks. Para evitar que se contaminen con bacterias, hongos o insectos, guarda estos alimentos en bolsas herméticas o recipientes cerrados. También puedes usar termos o bolsas térmicas para mantenerlos a la temperatura adecuada.
Lo mismo debes hacer con los utensilios, platos, vasos y cubiertos que uses para darle de comer a tu bebé. Lávalos bien con agua y jabón después de cada uso y guárdalos en bolsas o recipientes limpios. Así evitarás que se ensucien con el polvo, el pelo o las partículas que puedan estar en el aire.
Otro aspecto importante es proteger los objetos que puedan entrar en contacto con la piel o las mucosas de tu bebé. Esto incluye los muebles, las alfombras, las cortinas y la ropa de cama. Estos objetos pueden acumular ácaros, polen, pelos de animales u otros alérgenos que pueden provocar irritación, picor o reacciones alérgicas en tu bebé. Para protegerlos, puedes cubrirlos con plástico o tela antes de salir de casa. También puedes aspirarlos o lavarlos con frecuencia para eliminar los alérgenos.
Por último, te recomendamos que retires del hogar las plantas, las mascotas y los acuarios que puedas tener. Estos elementos pueden ser fuente de alergias, infecciones o intoxicaciones para tu bebé. Las plantas pueden tener espinas, hojas venenosas o polen que pueden dañar a tu pequeño. Las mascotas pueden transmitir parásitos, virus o bacterias que pueden afectar a su salud. Los acuarios pueden contener sustancias tóxicas o microorganismos que pueden contaminar el agua o el aire. Si no puedes retirar estos elementos del hogar, al menos mantenlos alejados del alcance de tu bebé y limpia bien sus zonas.
Sigue las recomendaciones después de una fumigación en casa para evitar riesgos y garantizar una buena higiene. Lo primero que debes hacer es respetar el tiempo de espera que te indiquen los profesionales de la fumigación. Este tiempo puede variar según el tipo de plaga, el producto utilizado y el tamaño de la casa, pero por lo general se recomienda esperar entre 4 y 6 horas antes de regresar al hogar.
No te arriesgues a entrar antes de lo indicado, ya que podrías inhalar o entrar en contacto con residuos de los productos químicos que podrían causarte alergias, irritaciones o intoxicaciones.
Con estos consejos podrás proteger a los bebés de la fumigación y evitar que sufran consecuencias negativas para su salud. Recuerda que la prevención es la mejor forma de cuidar a los más pequeños de la casa:
Una vez que regreses a tu casa, realiza una limpieza exhaustiva de todas las superficies y objetos que puedan haber quedado contaminados con residuos químicos. Usa guantes, mascarilla y agua con jabón o detergente para lavar el suelo, las paredes, los muebles y los juguetes del bebé. No uses lejía ni otros productos abrasivos que puedan generar gases tóxicos al mezclarse con los restos de fumigación. Enjuaga bien todo lo que hayas lavado y deja que se seque al aire libre.
También debes lavar toda la ropa de cama, las toallas, las cortinas y cualquier otra prenda que haya estado en contacto con el fumigante. Usa el ciclo de lavado más caliente que permita la etiqueta y sécalas al sol o en la secadora. Si tienes plantas o alimentos en tu casa, deséchalos o lávalos bien antes de consumirlos.
Mantén todas las ventanas y puertas abiertas durante el mayor tiempo posible para facilitar la eliminación de los vapores o partículas químicas que puedan quedar en el aire. Usa ventiladores o extractores para mejorar la circulación del aire. Evita que el bebé permanezca en habitaciones cerradas o poco ventiladas.
Observa atentamente al bebé y a sus cuidadores para detectar cualquier síntoma que pueda indicar una reacción adversa a la fumigación. Algunos signos de alerta son: tos, estornudos, irritación de ojos, nariz o garganta, dificultad para respirar, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, mareos, convulsiones o pérdida de conciencia. Si notas alguno de estos síntomas, acude al médico de inmediato.
Si estás lactando, ten precaución con la exposición directa a productos químicos. Consulta con un profesional de la salud sobre las precauciones específicas que debes tomar. De igual forma, asegúrate de que las áreas de juego de los bebés estén bien limpias después de la fumigación. Utiliza paños húmedos no tóxicos para limpiar juguetes y superficies.
La fumigación y la seguridad de los bebés pueden coexistir con una planificación y precauciones adecuadas. Al seguir estos consejos, podemos garantizar un ambiente seguro para los bebés durante y después de la fumigación, manteniendo la salud y bienestar de los más pequeños en el centro de nuestras prioridades.